domingo, 11 de marzo de 2007

Yo juego para divertirme

Esta es la frase con la que comienza cualquier jugador de improvisación teatral al hablar sobre los campeonatos organizados por la LNMI - Pataclaun (no sé si en otros campeonatos ocurre). Sin acusar a nadie de mentiroso creo que más que una declaración de principios se ha convertido en un objetivo, posiblemente sincero, de estilo de juego. Cualquiera que ha jugado en un match de improvisación teatral sabe que una de las cosas más difíciles es llegar a esa mezcla de competencia con el rival y colaboración con la historia.

Muchas veces los jugadores se pasan meses de meses entrenando con el resto de jugadores la forma de contar buenas historias. Se construyen personajes nuevos e interesantes en el proceso. Se crean historias conmovedoras, comentadas y recordadas por meses. Lamentablemente es impro y por lo tanto no hay mucho que guardar, todo debería ser improvisado (y no siempre lo es).

Una vez listos todos los jugadores, comienza el campeonato, partidos amistosos para conocer al rival y hacer un encuentro bueno cuando toque presentarse ante el público. Aparece la cancha, el rugiente público, el siempre injusto árbitro, las paletas y listo: todo se va a la mierda!. El jugador otrora amable y entregado a la historia se transforma en un rudo acaparador y, apoyado por el aplauso del público, hace del juego casi un monólogo de humor, muchas veces mandando al cuerno la historia e imponiendo su idea. Los jugadores repiten los personajes más exitosos varias veces esperando la risa del público a pesar de la historia. El árbitro pasa a ser una figura timorata que teme cobrar faltas, a veces evidentes como el cliché, para no ser odiado (más) por el público. El público pasa a apreciar a los jugadores que más los hacen reír independientemente de si la historia fue buena o mala.

A pesar de las pocas penalizaciones que se permite el árbitro y más que una conducta constante en la cancha, se genera una actitud que poco tiene que ver con los principios de la improvisación teatral. Algunos planifican cómo ganar a tal o cuál equipo. Se cuentan los puntos de las tablas con angustia. Se acusa de rudeza a algún otro jugador de otro equipo y se planifican elegantes rudezas para lograr vencer al rudo rival.

Claro que no es el caso de todos. Y por supuesto todos los jugadores de improvisación dirán "no es mi caso" y si hacemos una encuesta llegaremos a la conclusión que el 100% no se considera rudo y ese mismo porcentaje considera rudo por lo menos al 20% de los otros jugadores. Es casi como preguntar en un congreso de parejas quienes son infieles. Descubriremos que ninguno de los dos tipos de personas existen: ni el jugador de impro autodenominado rudo, ni la pareja infiel. Para los primeros será a lo mucho un "jugué rudo este partido" y para los segundos será "fue solamente un desliz".

Si bien los personajes tienden a repetirse, ya que no somos una máquina de crear personajes y tenemos cierto límite, no debería ser la norma. Muchas veces en los campeonatos vemos el desfile de los personajes "de siempre" que posiblemente nada tienen que ver con la historia utilizados de la forma más premeditada para lograr el voto del público.

Creo que los jugadores se ven vencidos por su condición humana y eso finalmente le da al juego una verdad. No es realmente algo acordado o planificado. Eso hace que la capacidad de contar historias sufra y termine siendo casi una presentación de ingenio competitivo tratando de lograr contar algo. La calidad de las historias contadas por los mismos jugadores en otros formatos es de una calidad impresionante y tanto más impresionante es la poca calidad de las historias a la que, los mismos jugadores, pueden llegar en el formato del match.

Esto no hace del formato del match un enemigo de la improvisación sino por el contrario convierte al evento en un reto constante para el jugador de impro. Simplemente me parece anecdótico que cada inicio de campeonato comience con dos frases muy concretas: "claro que quiero ganar pero juego más para divertirme" y la consabida "no vamos a ganar de ninguna manera así que vamos a divertirnos".

Finalmente y como buen deporte todos tratan de mantenerse neutrales y calmados por fuera mientras la promesa de victoria y aplausos convierte a los jugadores en guerreros dispuestos a dejar todo en la cancha o en temerosos pajes pegados a la banca.

Al final asistiremos a otro campeonato donde veremos a los jugadores luchando contra: repetirse, ser rudo, acaparar la cancha, ausentase de la cancha, cometer faltas, dejarle el remate al otro equipo, forzar los remates para su equipo, tener personajes poco aceptados, imponer su idea, dejar que el otro imponga su idea y decenas de cosas más contra las que hay que luchar en los 3 minutos de jugada y que hacen que me quede la duda cuando un jugador me dice " Yo juego para divertirme".

jueves, 1 de marzo de 2007

Mi Mundo Místico

Recuerdo mi primer contacto con el mundo místico. En la época donde solamente se podían comprar papitas Chipy y leche Enci, en la época donde los estantes de Monterey andaban más vacíos que llenos, haciendo juego con la depresión social de los que podían comprar dichos artículos (ya que habían quienes ni siquiera podían adquirirlos), mi madre tenía un juego de cartas de Tarot fotocopiadas de una revista Cosmopolita que hacía las delicias de sus amigas. Pasaban horas de horas hablando sobre un hombre apuesto, de cabello castaño, que iba a tener algo que ver con el fin de la soledad de las señoras que, con cincuenta años encima, varios kilos de sobrepeso y sospechosamente casadas con maridos de pelo muy negro miraban con grandes ojos abiertos las cartas que mi madre lanzaba como la más experimentada bruja.

Me quedaron claras dos cosas. La primera era que la brujería estaba al alcance de la mano en una revista Cosmopolita y la segunda era podía ser muy divertido para las mujeres. No es un comentario sexista pero en mi experiencia no había visto a dos señores preguntando si un apuesto mancebo de pelo negro iba a cruzarse en su vida. Ni siquiera si una timorata y frágil quinceañera iba a enamorarse perdidamente y luego de seis meses iba a quedarse con la mitad de su fortuna. Esto me dejaba claro que era un canal para conquistar chicas y en mi vida no contaba con muchas herramientas para hacerlo.

Mi paso por el Tarot fue violento e intenso. No aprendí el significado de las cartas lo más rápido que pude, eran demasiadas así que dicha labor la considero imposible de realizar en menos de unos años de experiencia por lo que tomé el atajo: interpretarlas según mis convicciones y tener claras las cartas más representativas para una asidua consultora. La carta del dos de oros era una más de las tantas cartas con oros que había en el mazo mientras que una carta con un demonio en llamas tenía que ser importante. Arcanos mayores y menores los llamaban. En dicha época no había Internet, por lo que buscar información más detallada era imposible y para un joven de quince años, era una labor titánica informarse sobre un tema que no estaba documentado en ningún lugar accesible para un joven de quince años.

El éxito fue total, las señoras me pedían que les lea las cartas y asombradas decían "si… si… justo lo que pensaba". Mi nivel de misticismo crecía como el más acertado del club en lo que a lectura de cartas se refería. Alguna vez otra lectora de cartas me miró y me dijo muy seria "tú tienes la luz". Fuera de la luz que por suerte había en mi casa los días en que volaban una torre no tenía conciencia ni ciencia de ninguna otra. Lo lamentable es que una vez más esta herramienta no me permitió conseguir ninguna chica ya que las señoras de más de cincuenta años y setenta kilos eran las únicas realmente interesadas. Asumo que para una chica de quince años de ese entonces, que eran muy diferentes a las de ahora, no era muy interesante saber por medio de las cartas lo que podían ver por medio de sus ojos de bruja. Ante este fracaso abandoné el mundo místico.

Años después caerían en mis manos una serie de libros y manuales de diversos temas similares. Quiromancia, brujería blanca, brujería negra, Horóscopos, Cábalas, etc. Y luego de descubrir que según mi mano me iba a casar a los 14, que la Ouija me dijera que el que se había robado el whisky de mi padre había sido "HKIE56" y de no encontrar una virgen que dejara que el último jueves del mes le introdujera un carbón bañado en sangre para convertirme en un irresistible símbolo sexual, decidí dejar las artes místicas y dedicarme a otra cosa.

Historias místicas por montones ya que mi familia es del norte. Contaban sobre los brujos que en encarnizados combates se dejaban ciegos y cojos, conjuros y contra conjuros iban y venían en las historias de pueblo de mi familia. Sin embargo ellos mismos las veían como historias que habían pasado en un remoto lugar llamado Motupe. No eran parte de su vida cotidiana.

De historias místicas estamos hechos los peruanos. Una vez en casa de un amigo nos reunimos varias personas y, en el transcurso de la noche, uno contó que la noche anterior había habido una "pena" en su casa. El término "penar" es un verbo que está perfectamente registrado en la Real Academia que dice:" Perú y Ven. Dicho de un fantasma o un alma en pena: Aparecerse o manifestarse ". Y por supuesto todos comenzaron a sacar sus historias de las almas en pena y todas las casas o la de los vecinos o familiares están embrujadas. Es imposible ir a una reunión de más de cinco personas y que una no haya visto un fantasma.

Estaba yo en esa noche de historias de fantasmas con un amigo español de España (como el idioma de mi teclado) y al final me dijo que se había quedado asombrado de que en realidad todos nosotros creíamos que habían fantasmas en nuestras casas (la noche había sido especialmente limeña en términos de la cantidad de fantasmas y apariciones narradas). Mayor asombro aún le había causado que casi todos habían recibido visitas de sus familiares muertos o por morirse y no podía creer que todos fuéramos universitarios de las universidades elite 1 del país.

Ante semejante reconquista de España al Perú le increpé sobre sus gitanos y ceremonias católicas y adoración de imágenes de la iglesia que no es menos mística y llena de fetiches que la brujería y espiritismo peruanos. Me aclaró que no le parecía mal ni inferior sino que simplemente le parecía asombroso que los intelectuales del país o los que están en camino de serlo pensaran que los fantasmas existían y lo contaran abiertamente sin temor a ser la burla de la facultad. Luego le contaría que en las universidades no se forman intelectuales ni es para el desarrollo del país que se hace pero esa es otra historia.

Siempre el límite había sido ese, alguna lectura de Tarot muy acertada, alguna historia del abuelo que el día de su muerte había visitado a la familia. Y pobre de aquel que malograra la velada diciendo que esas son tonterías porque la reunión entera te saltaba al cuello con argumentos tan contundentes como "entonces cómo explicas que mi tía en Ica viera a mi abuelo sentado en su cama" la respuesta era "cómo carajo quieres que explique una estupidez que no tiene ni pies ni cabeza" pero fue mejor no decirla.

Todo el resto de la brujería eran cosas de las empleadas de la casa que conversaban entre ellas y con el jardinero. A veces alguna tía se reía porque "la chica" decía que le habían hecho un "amarre" a su hermano: "La Jacenta le ha amarrado al Rubén pues, yo le dije que cuidado y ya le han amarrado". A mi me quedaba claro que Jacinta había aprendido alguna nueva posición en la cama o había cedido alguna nueva parte de su anatomía para el divertimento de Jacinto y este se había auto amarrado para seguir disfrutando.

¿Cuándo vino el boom de la brujería?. La verdad es que no lo sé. Para mi comenzó con los cartelitos en el centro de Lima: "¿Problemas con la Pareja? – Amarres, Arreglos, conquista del ser Amado 446 2018" y pasó luego a la televisión. Me despertaba en las madrugadas escuchando como Yesabella estaba en bikini siendo escupida y bañada por un chamán de un pueblo lejano del norte. Ojo! Los del sur no sirven, no se dejen engañar, ahí no hay poderes, solamente del norte y de la selva. Luego de entre sueños pensar que si tomaría a Yesabella me despertaba bien para que mi conciencia dijera "no, que asco". Luego pasarían otras estrellas de la farándula e incluso vería un "especial" sobre la pasada del cuy y los chamanes. Hasta ahí no me sorprendía y me parecía una estrategia para captar la atención de Jacinta y Rubén y se sintieran identificados y por lo tanto siguieran viendo sus programas o interesándose en la vida de tal o cuál vedette. Siempre esto amenizado por los más prestigiosos brujos que, durante las eliminatorias, salían en la antesala con sus calaveras y fetiches, escupiendo y bailando. Ni el más poderoso embrujo, ni el chamán más taimado pudo evitar el 5 a 0 que nos dio Colombia ese día. Parece que el poder de cinco chamanes juntos no pudo ni siquiera evitar la desgracia a un gol por chamán. Por supuesto luego del partido lo mágico era que los chamanes habían desaparecido con calaveras y todo. Alguna vez que increpé a un creyente por esto me dijo: "Es que esos son farsantes, y la selección tiene mucho karma". Me parece un argumento tan contundente que planeo usarlo en las próximas entrevistas de trabajo si un proyecto fracasa: "tiene mucho karma".

De ahí vino la desgracia. Resulta que todos ahora son amantes de la brujería. ¿Cómo hizo su acceso a los niveles A – B? Siempre será un misterio. Para mi sorpresa, los más juiciosos y científicos se han visto involucrados lanzándose aguas floridas y acudiendo para saber si es una buena inversión comprar treinta discos duros de 240GB o es mejor comprar doce de 400GB. Gerentes de empresas ascendentes caminando lado a lado con un chamán que está "limpiando la casa" y al cuál hay que pagarle suculentas sumas de dinero, pero la empresa mejora. Señoras muy rubias que miran con respeto a alguien de color humilde y lo sientan en su mesa (lo cuál me parece lo más impresionante de la brujería) para que le anuncie que la amante le ha hecho un "trabajo" a su esposo y que por eso le pone los cuernos y hay que limpiarlo. Carajo si mi tía hubiera sabido que los cuernos de alce que con las secretarias le puso mi tío eran amarres no estaría sola con sesenta años. Y qué felices los hombres de antaño al verse descubiertos con las manos en la masa y poder decir: "Oh, qué pasa… no pienso claramente… esta niña de 18 años me ha hecho un amarre, está claro!".

Veo con cierta gracia a mi novia, tremendamente creyente del poder de Dios, gritándome que yo no tengo la verdad y que no puedo decir que pasarse el cuy sea una tontería (parece que el huevo ya no está de moda porque es muy barato). Yo le discuto que en el manual del buen creyente, llamado Biblia, está escrito que esas cosas están prohibidas (pero existen para los católicos ojo). Veo a personas que se burlan de los evangelistas pidiendo que pagues 10 soles por la rosa del poder cultivada en Jerusalén, regadas por aguas del río Jordán y que aseguran el amor y éxito en los negocios, mientras por otro lado se toman muy enserio tomar dos gotas del agua de San Jacinto hechas con plantas de la selva y echan un polvito sacado del cementerio de algún lugar místico del norte y haciendo círculos en sentido de las agujas del reloj con la mano derecha sobre su cabeza y mirándome con desaprobación cuando pregunto: ¿Qué carajo estás haciendo?.

He visto grupo de amigas entrañables peleando para siempre porque una bruja le ha dicho que tal le ha hecho un trabajo a cual. He visto amigos pasar insomnios esperando el regreso de su mujer curada y limpia porque la intentaban matar un grupo de brujos con un trabajo. He visto a señoras que han criado tres hijos "profesionales y exitosos" vender sus joyas para poder pagar la limpia de las casa de todos para evitar los divorcios por que les habían hecho trabajos (que lamentablemente el poder místico no pudo evitar). He visto amigas con tres grados académicos: MBA, NBC, NBA y todas las otras iniciales que se han creado para tranquilidad de los profesionales robar un calzoncillo usado (ojo… no puede ser limpio) para que su novio (con mucho dinero él eso sí) deje de mirar a la compañera de trabajo, que le ha hecho un trabajo y hay que contrarrestarlo con otro trabajo. Perdóname Alejandro Toledo por calificarte de mentiroso: hay más trabajo.

Lo peor es que las personas se ofenden si no compartes sus creencias. Conmigo se molestan tanto los católicos como los místicos cuando digo que me parece lo mismo que digan que el vino se convierte en sangre como que el cuy se come tu enfermedad (pobre animalito... encima hay cierto racismo porque si es negro entonces pasa por todo eso, los blancos la pasan mejor una vez más). Para dicha comparación existe el "No es lo mismo!!!" y para cualquier intento de análisis hay un "es que es un poder que va más allá" o un "es que tú no entiendes porque no crees". Al final creo que llorarle al Arca de los Negocios en canal cinco, pasarte el cuy, tener sexo con un chamán (practica muy extendida entre los chamanes del centro de Lima), llevar un rosario en el carro para protegerse (y las combis son expertas en eso, una especie de asesinos santos) o ver al Papá y sentir que una luz te invade es lo mismo: son rituales, si te hacen sentir bien y crees en ello perfecto pero que no se nos condene a los no creyentes.

Independientemente de si creo o no creo o en qué creo ya que no es relevante me parece que lo místico está de moda. Es el boom de los chamanes y me alegro por ellos. Posiblemente veamos a alguno con un BMW y en la placa un MISTICO por sello de protección. Yo por mi parte desempolvaré mis místicas cartas de Tarot, aunque con la cantidad de místicos lo más probable es que no sirva para ninguno de sus dos propósitos: adivinar el futuro y conseguir chicas.

(1) Maravillosamente la Real Academia dice que se puede escribir élite o elite. Quiero regresar donde mi profesora de Lenguaje a reventarle el culo a patadas por cierto jalado que involucraba dicha palabra.