martes, 31 de julio de 2007

La Guerra de los Cinco Reinos. Capítulo 01

Cuando el mensajero entregó el informe de los exploradores a su capitán, solamente esperaba una mala noticia para regresar y llevarse sus pertenencias lejos de la frontera. Los exploradores espiaban constantemente la frontera de su señor con el territorio de Lord Chiquero. Dicha frontera era especialmente complicada de definir ya que Lord Chiquero era famoso por cambiar la frontera casi a capricho. “Hasta ese árbol” decía señalando un tocón, luego se daba la mano con el señor de las tierras vecinas y regresaba a todo galope hasta su castillo, que por cierto, nadie había visto nunca. A los pocos días podía afirmar que él había señalado el árbol que estaba dos kilómetros más al norte, o que no había dicho árbol sino roca o simplemente el tocón cambiaba misteriosamente de lugar y los huecos dejados aparecían llenos de agua y con niños pescando alrededor.

Dichos problemas territoriales siempre se habían solucionado con terribles guerras que nunca se llevaban a cabo. Ante el grito iracundo de Lord Chiquero: “Traeré a todos mis ejércitos” los diferentes monarcas de los territorios en disputa preferían ceder ya que el mismo Lord Chiquero había esparcido los rumores de poseer un ejército de tamaño considerable, con armas muy modernas y vencedor y conquistador de reinos e imperios que quedaron tan borrados de la superficie de los reinos que nadie recordaba haberlos escuchado siquiera.

El camino diplomático era inviable. Generalmente las reinas, emperatrices y demás cónyuges de los líderes se juntaban en largas sesiones de tomar el té y arreglaban los problemas territoriales llegando a acuerdos provechosos para todos. Lord Chiquero tenía como cónyuge a la famosa “Dama dormida” a quien nunca nadie había visto pues siempre estaba indispuesta o dormida.

Luego de tantas coincidencias los monarcas de los territorios aledaños comenzaron a sospechar. Invitaron muchas veces a Lord Chiquero a dialogar pero, en su lugar, mandaba un mensajero con una nota que decía “no hubo forma”. Al inicio se pensó que era un poderoso ardid diplomático ya que los monarcas se confundían y no podían responder pero luego comenzaron a preguntarse si no debían poner alto a esa situación tan incierta e inestable.

El capitán cerró la nota de los exploradores y le dijo al mensajero que volviera por la respuesta en tres días. Sir Melko Shon debía ser informado inmediatamente de la situación. Partió cabalgando hacia el norte a todo galope. Aparentemente los cinco reinos se veían cubiertos por la sobra de la guerra, esta vez una real.

jueves, 12 de julio de 2007

Cuando pase por La Plaza

Hay ciertas conductas que recuerdo de mis tías. Una de la más notables era esa necesidad de mencionar, mientas contaban algún suceso sin importancia, alguna característica socioeconómica o geográfica que dejara claro que había una diferencia en ellas respecto al resto de los presentes en la habitación o al menos que ellas eran tan iguales como los más iguales. "Qué bonito vestido" - "Ay gracias, ¿Te gusta?, me lo trajo mi hija de su viaje a Estados Unidos". Algunas personas, tan limeñas como mi tía, cambian el "Estados Unidos" por un simple y claro "allá".


Este comportamiento es muy común en nuestra sociedad limeña. Algunos lugares son mencionados con nombre y apellido, otros simplemente no se mencionan. KFC no es una pollería, Starbucks no es un café, el chifa del Regatas no tiene nombre propio y "lo compré en el Polo" no hace referencia a una tienda de ropa. Siguiendo esta tradición, tan nuestra como el suspiro a la limeña, diré que el otro día fui a ver La Rebelión de los Chanchos a La Plaza.


No me pidan que sea objetivo. La Plaza me ha brindado, las pocas veces que he ido, obras teatrales que me han gustado mucho. No he podido pasarlas por el análisis porque estaba maravillado con lo que ocurría en escena. Así que si las obras "El perro del Hortelano" o "La importancia de llamarse Ernesto" fueron buenas o malas jamás lo sabré. Yo estaba fascinado con las actuaciones y la historia que me contaban.


Mi última visita tuvo como resultado ver "La Rebelión de los Chanchos". Una historia muy simple pero con un contenido social que me cuestionó: Un grupo de animales, ya cansados de la opresión del dueño de la granja que cada día los descuida más, decide hacer una rebelión, animado por la arenga del "gran cerdo". La rebelión resulta y la libertad se logra, iniciando como en toda rebelión, un mundo idílico donde todos son iguales y donde se trabaja para el bienestar común. Sin embargo comenzarán a aparecer los problemas cuando la individualidad (entre otros intereses personales... o animales para el caso) comience a aparecer en este mundo ideal.


Hay dos cosas que me maravillan de la historia contada: la primera es que la historia se puede adaptar a cualquier escenario en cualquier coyuntura y vamos a ver el reflejo claro del desarrollo socio político de casi cualquier nación o grupo de naciones. Esto es cierto principalmente en Latinoamérica, donde hemos vivido en dictaduras hasta "civiles" (y que no podemos extraditar). La segunda es que se puede contar de muchas maneras diferentes, pero los detalles hacen que nos podamos identificar aún más con la historia y créanme que está los tiene.

El elenco no tiene pierde. Actores de renombre como Alberto Ísola y Alfonso Santistevan junto con July Naters como directora podrían bastar para asegurar la calidad de una obra.
Sin embargo se unen a jóvenes talentos como Saskia Bernaola, Raúl Zuazo, Armando Machuca, Katia Palma que juntos nos presentan una historia muy interesante, divertida y conmovedora. Mención aparte tengo que hacer, por un gusto personal, a Christian Ysla, que ya a estas alturas, es uno de mis actores preferidos, y Patricia Portocarrero que en esta obra hace un papel que me parece memorable. Me habían comentado que estaba muy bien pero, luego de verla, me quedé impactado por el trabajo logrado. El Burro narrador, muy simpático. Y me quedé sorprendido con Ebelín Ortiz en su papel de gata. No sabía que cantara tan bien, y que se le viera tan bien en malla. En resumen diré que, a pesar de estar ella con su vestuario y maquillaje, el animal en ese momento era yo. Pero no perdamos el nivel que hasta ahora iba bien.

Lo único que puedo recomendar es que hay que verla. Pocos espectáculos en Lima tienen la calidad de esta obra y otras pocas más que he visto en estos tiempos. Lo mínimo con lo que les prometo van a salir luego de verla es: haberse reído, haberse conmovido y haberse identificado y alguno que otro, mentalmente apto, saldrá con algunas preguntas en la cabeza.

Me he tardado en escribir esto debido a que quería comentar algún defecto que pudiera remarcar desde el público, gritar que es un teatro muy caro, decir que algo era incómodo, que algo fallaba en la obra. Pronto comencé a pensar que no estaba siendo objetivo, pero me puse a recordar otras obras, con otros elencos, con otros directores y la verdad es que debe ser el lugar. Por eso pido que cuando pase por La Plaza no me pidan que sea objetivo.

lunes, 9 de julio de 2007

¿Por qué juego match?

Debo a mi fallida asistencia a la Plaza, una función antes del estreno de "La Rebelión de los Chanchos", el encuentro con una escena que me llevó a escribir este blog.

A puertas del campeonato amateur, se me acercó un chico, aparentemente del grupo de alumnos adolescentes, a increparme casi a gritos el por qué de mi participación si yo ya era un adulto. Salí mortificado por no poder resolver el ataque de manera correcta. Entre mi desconcierto y mi furia, ya que no es nada agradable que un extraño se acerque a gritarte, me fui para evitar un enfrentamiento sin sentido.

Pensé durante algún tiempo y recordé como un grupo de personas, ya ni recuerdo quienes éramos exactamente, nos involucramos en crear un espacio para nosotros, jugadores de impro que no éramos actores y no estábamos al nivel de presentar un espectáculo como correspondía. Habíamos sido estudiantes durante varios talleres y nos faltaba un espacio en el que, junto con los alumnos actuales, pudiéramos tener una experiencia de match.

Creo que fue una época donde la impro tenía algún aire místico. Los ensayos y la preparación eran rigurosos, se hacían constantes referencias a los maestros para corregir lo que podían ser considerados errores. El kazoo metálico era un elemento que solamente tenía el maestro Francoise y había que pedirlo prestado, con mucho respeto, para poder arbitrar. Todos los jugadores morían de miedo y albergaban la esperanza de ser llamados a formar parte de algo más grande para el futuro.

A pesar de que nunca se concretó nada más grande de lo que ya hacíamos en ese momento creo que éramos felices con el espacio. Fue tribuna para conocer nuevos grupos que no necesariamente eran de la casa. Tuvimos invitados, no siempre con el éxito adecuado, pero era una experiencia que nos hizo crecer de verdad. Aprendimos que en la impro nadie tiene la razón. Que el equipo más pequeño puede hacerse del campeonato y que los jugadores menos pensados pueden salir a luchar y ganar en una cancha. Y que nadie me diga que creía que Los 4 Lunáticos podíamos ganar que no se la creo.

Finalmente las personas se fueron yendo y de esas experiencias quedamos realmente pocos. Algunos dejaron de jugar, otros se fueron a otros grupos seguir jugando y otros, simplemente desaparecieron entre las calles de la ciudad para no volver a la cancha.

Mucha agua ha pasado bajo ese puente desde aquella época. Hay personas que reclaman ese espacio como suyo y que no conocen y no tienen por qué conocer todo el proceso que ha involucrado la creación del amateur y cómo un grupo, esperanzado en hacer algo para jugar, se pasó horas de horas en ensayos y creando lo que hoy en día es un campeonato paralelo . Hoy la impro pertenece a esas personas que reclaman.

Ya sin la mística y sí con la energía adolescente, se acerca un nuevo campeonato amateur, un evento donde todos tenemos el mismo miedo por lo que pasará. Una cancha, hoy sin dueño, entregada al juego masivo, donde los que luchamos, creamos, erramos, sufrimos y nos divertimos alguna vez somos poco más que extraños. Supongo que es una señal de que se logró el objetivo.