miércoles, 8 de agosto de 2007

Historias Solas - Introducción

solo1, la. (Del lat. solus). 1. adj. Único en su especie. 2. adj. Que está sin otra cosa o que se mira separado de ella. 3. adj. Dicho de una persona: Sin compañía. 4. adj. Que no tiene quien le ampare, socorra o consuele en sus necesidades o aflicciones. 5. m. Paso de danza que se ejecuta sin pareja.

solitario (Del lat. solitarĭus). 1. adj. Desamparado, desierto. 2. adj. solo (‖ sin compañía). 3. adj. Retirado, que ama la soledad o vive en ella. U. t. c. s.

Como podemos apreciar, la Real Academia de la Lengua Española tiene muchas definiciones para estas palabras: solo y solitario. Sin embargo estos dos estados dependen de otras personas. Es la ausencia de alguien la que permite se produzca ese estado. Por lo general, a menos que se esté en una isla desierta, el estar solo es un estado temporal. Incluso algunas personas se sienten afectadas cuando se sienten solas, aún estando con otras personas. Los casos más graves de esta situación de soledad llegan a los consultorios psicológicos y se habla de depresión por ejemplo.

Todas estas situaciones son normales para el ser humano promedio desde que la humanidad deambula por este planeta. Sin embargo, al igual que las especies evolucionan, el ser humano cambia, buscando la supervivencia del más fuerte. Solamente la evolución puede explicar la aparición de una especie nueva. Especie para la cuál la soledad o estar solo, no es un estado temporal, es una característica genética. Algunos científicos han nombrado como Homo Solus a esta especie evolucionada del Homo Sapien.

No es tan fácil identificar a los miembros de esta especie. Por ejemplo, si uno entra a un bar y ve a un hombre bebiendo solo durante toda la noche, mirando con una luz triste en los ojos al resto de la humanidad, siendo ignorado por el resto de los asistentes, si alguna mujer prefiere atravesar el local en busca de un encendedor antes que pedirle el suyo, uno podría sospechar que está ante la presencia de un solo. Sin embargo se equivoca, el solo es el que está sentado justo detrás de él, fuera de la vista del resto. Y posiblemente este ser patético que describimos inicialmente se haya negado rotundamente a sentarse junto con el solo. Incluso se atribuye la capacidad de la invisibilidad a los solos. Sobre todo el sexo femenino, es totalmente inmune a su presencia. Simplemente no están en el lugar.

En honor a esta nueva especie es que inicio el ciclo de Historias Solas. Es una recopilación de las historias de hombres solos, que permitirán comprender la naturaleza de estos seres. Si alguna vez ve uno en un bar barranquino, no se confunda: si lo vio, es que no es un Homo Solus.

“El despertar del Solo” – Historia anónima.

¿Cuándo me di cuenta de que era un solo?. No lo sé. Hay muchos eventos que ocurrieron a lo largo de mi vida que podrían ser comparables a las desgracias de cualquier otro hombre. Es en la repetición del ciclo donde está, para mí, el secreto de la “soles”.

No es la inexperiencia lo que te define como un solo. Un niño fracasa muchas veces mientras aprende. El solo va más allá de la simple capacidad de aprender algo. Aprende, pero su genética es incapaz de aplicarlo. Nosotros sabemos los principios para poder volar, pero genéticamente somos incapaces de hacerlo. De igual manera el solo sabe todos los trucos y teoría del cortejo a las mujeres, pero es genéticamente incapaz de aplicarlos.

El evento que despertó aquel gen misterioso del solo, ocurrió una noche mientras tomaba un par de tragos con un amigo. A aquella hora entre la sobriedad y la alegría su hermana entró llorando a su cuarto. Pasados unos minutos salió furiosa mirando hacia la mesa y anunció:

-“¡Hoy voy a agarrarme al primer huevón que me encuentre!”.

En ese momento pensé que la fortuna me había sonreído, ¿me está mirando!, ¡soy el afortunado!. Me quedé mirándola, esperando aquella promesa. Pensando que mi vida iba a cambiar, sería una leyenda (aquella chica era deseada por varios amigos que pululaban prometiendo solamente amistad) y finalmente mis días de incógnito forzado acabarían.

Con asombro observé que tomó el teléfono y llamó a un “amigo”. Muy molesta por que el chico no podía salir, regresó a su cuarto gritando que los hombres éramos unos estúpidos.

Yo seguía atónito. Quería insinuar que mi amigo tampoco iba a tener suerte con ella pero, al ser su hermano, era posible que fuera lo normal para él. Cuando ella azotó la puerta de salida, vestida y arreglada de forma tan deseable que hizo que sintiera una punzada en el estómago me quede mirando a la nada. ¿No me habrá visto?, me pregunté. No, eso era imposible.

Al cabo de media hora regresó a la casa con una vecina y anunció. “ahora sí, nos vamos a buscar hombres, estoy harta”. Sin más salieron por la puerta. Miré a mi amigo y le pregunté: “¿me parece o no me saludaron?”. Este amigo me miró a los ojos y me dijo, como lanzándome una maldición: “Es que… eres un solo”.

Este fue mi primer encuentro con la “soles”. Me fui pensando que simplemente era una exageración de mi parte creer que esa escena podía significar algo. Seguramente ella no se metía con los amigos de su hermano. Aunque, en realidad, ya había tenido “algo” con dos de ellos. Bueno, seguro era una nueva regla. Nada me preparó para el resto de mi vida: ser un Homo Solus.

Aquí termina esta primera historia, que nos permitirá entender la naturaleza del Homo Solus. Pronto seguiremos recorriendo estás Historias Solas. Con las cuales, tal vez, alguno de ustedes se sienta identificado.