lunes, 21 de enero de 2008

Historias Solas - Poemas de Amor y una Flor desesperada

Luego de unas flores sin nada especial, más que el hecho de haberlas comprado de forma premeditada para ella, y de un poema escrito y enviado sin el temor de la burla, no quedaba nada entre ella y yo más que el deseo de que el autor de todo el acto, casi en farsa de lo intenso que era, fuera otra persona. Por su parte el deseo pasaba porque hubiese sido alguien más guapo, más interesante, más como ella soñaba y por la mía porque hubiese sido alguien más guapo, más interesante, más como ella soñaba y, a pesar de lo similar, son deseos totalmente diferentes: ella podría quizas alguna vez lograr el suyo.

Mis otras acciones, anteriores a esta masacre “nerudiana”, quedaron eclipsadas en lo correspondiente a notoriedad gracias a este atentado al amor pasado los años veintes. No pasó mucho tiempo hasta que la cordura volvió al cuerpo junto a ese escalofrío del: "¿por qué se me ocurrió hacer eso?". Luego de un tiempo, algún amigo de cuyo nombre no puedo acordarme por amistad, repitió la hazaña con su propia Dulcinea, con resultados similares aunque mucho menos graves y notorios.

Es en ese momento en el cuál entendí el problema. No era que ellas soñaran con que "un chico" hiciera dichas acciones. No era que ellas se preguntaran desesperadamente "¿dónde están los chicos así?". Era una combinación letal para aquellos que no saben escuchar entre frases lo que las frases dicen y lo que en realidad quieren decir. El texto es: "¿dónde están los chicos así?; que me gusten y tengan esos gestos", ellas soñaban con "un chico que les guste" e hicieran dichas acciones.

Queda en el borde del papel, al margen de la angustia, el ¿qué hubiera pasado? El tan terrible no quemar las naves y quedarse en el suspenso del destino: ¿ese era el plan del amor cósmico para mi? Posiblemente la respuesta hubiese sido: prefiero perderme mi parte de un plan que no me gusta, aunque venga con flores.

Qué fácil para el hombre olvidar y de cuando en vez recordar con cierta vergüenza: "¿cómo se me ocurrió?, bueno ya no importa" y para la mujer "¿seguirá herido por mi causa?", ambos pensamientos tan equivocados como que para nadie es tan importante excepto para el ego, en un caso para arriba y para el otro para abajo por supuesto.

De tanto recordar se olvidan los detalles. Así como el amor de juventud queda minimizado con los años, son los años los que convierten en anécdota los fracasos amorosos, pero solamente los que no se realizaron, ya que los que sí se realizaron pasan de la anécdota al tormento con sorprendente habilidad.

Y ya finalmente, habiendo perdido todo el sentido para el que fue creado, excepto el del recuerdo, lo pongo aquí. Es un poema realmente solo:


Estúpidamente Anónimo

Para que sin misterio mi palabra
Decore tu mirada lentejuela
Y augures un autor por callejuela
Te escribo de sorpresa, abracadabra

El yo que me hace esto cobarde
Impulso imberbe y casi niño
Desbocado ahora, llamaré cariño
Mirando al corazón se me hace tarde

Te adivino, te imagino, te deseo
Tentando la cordura, no poseo
Aire tibio, caricia, tu boca

Ahora no se ni lo que escribo
Lo que te quiero, lo que persigo
Ahora que el sentir se me desboca