domingo, 2 de marzo de 2008

Historias Cerdas - El alce enamorado y la reina de la jauría

Cuando recibió la noticia jamás se imaginó que fuera tan contundente. Se acababa de convertir en el más cornudo de los hombres conocidos. La realidad era tan cruda que no podía reaccionar.

Si he de decir algo en su defensa es que su novia era bonita. Sin exagerar su belleza podría decirse que tenía cierto aire adolescente, a pesar de haber dejado esa etapa atrás muchos años antes, y cierta picardía infantil. Jamás se podría imaginar que, tras esa sonrisa angelical, se escondiera la versión maligna de Salomé.

En un instante, de su vida juntos no quedó casi nada. Todo se había visto envuelto en el engaño y la mentira. ¿Dónde quedaron los “te quiero”? ¿Qué fue de aquellas noches juntos que terminaban en amor?, nadie lo sabe. Si se pudiera describir su relación, las palabras enamoramiento, ideal, matrimonio serían algunas de las que se hubieran podido usar. De las palabras como “engaño”, “mentira”, “amantes” no se hubiera sospechado participación alguna, ni siquiera insinuación.

Cuando las coincidencias llegaron y demostraron que si hubiera que calificar los cuernos de el inocente enamorado, habríamos de llamarlos “ornamentales” y tendrían que haber sido la envidia del más dotado de los Alces. La cantidad y constancia de los amantes que ella había tenido en todo ese tiempo puso a todos a tratar de sacar cuentas e imaginar como esta mujer podía ponerle veinticinco horas al día y tanta energía al amor.

El resto, lo de siempre: darse cuenta de la razón por la cuál fue o no fue a tal lugar, por qué la vieron en un carro en tal o cuál malecón, cómo es que podía conseguir pequeños préstamos de dinero con tanta facilidad.

Sin embargo lo maravilloso de la historia no es el engaño en sí ni mucho menos. Lo realmente fantástico es la reacción del perdidamente alce enamorado. Lejos de: golpearla, escupirla, insultarla o por lo menos dejarla, intentó retomar e insistir en su relación. No hablo de un desliz, no comento sobre un error de una noche de copas. Hablo de relaciones paralelas y concientes, en cantidades más allá de la unidad o el dúo o de lo que un ser humano puede resistir.

La reacción del alce enamorado parecía imposible para cualquier ser humano, hasta el más entregado al castigo de la cornamenta pública, reiterada y sinvergüenza.

Felizmente y con suerte, luego de un tiempo y minada por las dudas y mentiras, la relación terminó. A pesar de ello se veían de cuando en vez, cuando la vida, con sus eternas ganas de burlarse, los reunía voluntariamente. Cada quién hizo su caminó por rutas diferentes. Pero debo confesar que me pareció ver, una vez más, los ojos del alce enamorado cuando ella, luego de algún tiempo, le dijo que aquél bebé que portaba no era del hombre con el cuál se había casado sino producto de uno de sus últimos encuentros con él, y agregó que nunca podría hacerse cargo de su aporte de genes para esa vida ya que tenía el apellido de otro.

Fuera de matarla, odiarla, apuñalarla o por lo menos maldecirla prefirió llorarla y jurar que algún día regresaría a reclamar su derecho como progenitor. Se había convertido en el alce enamorado de la reina de la jauría.

¿Te parece una historia conocida? Pues las historias cerdas están en cada esquina, en cada grupo de amigos, en cada hogar y ahora han salido para mostrar que la realidad es más sucia que la fantasía. La realidad es una cerda.