martes, 25 de noviembre de 2008

BCP Banca por teléfono y miles de formas de morir

Suelo escuchar las llamadas que cada cierto tiempo me hacen ofreciéndome productos vía tele marketing  porque comprendo que es un trabajo y me da cierta pena decir “no quiero” e irme sin antes escuchar a la persona. Eso hasta el día de hoy, cuando recibí una llamada del Banco de Crédito del Perú. 


Yo estaba trabajando, con cierta tensión por los tiempos de entrega de los proyectos que siempre son "para ayer". De pronto recibí una llamada y una amable señorita procedió a anunciarme que por ser un extraordinario cliente el Banco querían tener una atención conmigo y darme una oportunidad exclusiva para mí y mi familia la cuál iba a recibir US$ 90,000. Lo primero que pensé es que podía ser un préstamo con bajos intereses que está de moda como gran regalo: Te regalo una gran deuda. 


Luego de avisarme que la llamada iba a ser grabada, la señorita procedió a recitar, de manera inmisericorde varias formas en las cuales me podía pasar algo. "Imagínese, Dios no lo quiera, que le pase algo en la calle, un atropello, incluso, Dios no lo quiera, que le caiga una bala perdida". En ese momento me di cuenta de lo peligrosa que es la ciudad, miré nervioso por mi ventana a buscar algún delincuente armado que pudiera comenzar a disparar, "… y si le cae algo, Dios no lo quiera, en la cabeza". 


Oh! Dios mío... es cierto... puedo estar caminando y me cae una maceta que alguna empleada descuidada dejó mal puesta. 


Y por un par de tipos de muertes más, el banco premiaba a mi familia con US$15,000. Luego procedió a indicarme que "si le pasa algo en una carretera o choca, Dios no lo quiera, y MUERE!" su familia recibirá un segundo premio US$ 30,000. Miré mi carro y recordé que no le he revisado los frenos y se me ha pasado el cambio de aceite, comencé a temblar un poco. 


Finalmente me anunciaron a la vedette de todas las muertes, claro que esta amable señorita, que pedía a Dios que no me pase nada y parecía estar segura que hay un Dios que podría desear mi muerte, no tenía por qué saber de mi pánico al avión pero, el primer premio: si me mató por la caída de un avión, Dios no lo quiera, mi familia recibe el premio mayor US$ 90,000.


Luego de recitadas todas las posibles formas de morir marca "Dios no lo quiera", y los premios que mi familia recibiría, comenzó a decirme si toda esta panacea familiar se hiciera realidad mi familia estaría segura y feliz. Hice un cálculo rápido y llegué a la conclusión de que mi familia estaría financieramente más segura conmigo muerto que vivo. Aún así tener que subirme a un avión me daba más pánico que morir en un accidente de auto, mis aún no existentes hijos no verían los US$ 90000 jamás. 


Luego de algunos minutos de estos macabros anuncios, como si fuera una versión maligna de Josie que en lugar de anunciarme a quién debía embarazar para ser feliz me decía como debía morir para que mi familia fuera feliz, finalmente me anunció que por solamente US$6,50 mensual tenía acceso a todas estas formas de muerte rentable. 


En ese momento caí en la cuenta de que se trataba de un seguro de vida, cosa que no me habían dicho en ningún momento, y le dije a la señorita que no me interesaba el producto. En ese instante la amable señorita tensó la voz y me dijo "Muy bien señor, ¿y cuál sería el motivo?". No sabía si decirle que probablemente mi familia, de enterarse de los montos, proceda a intentar matarme en un avión o si decirle que prefiero no dejar más plata muerto de la que puedo producir vivo, esto podría llevar a mi familia a opinar "qué bueno que murió" en una reunión navideña. Opté por decirle la verdad, resulta que yo ya tenía un seguro que, en caso me muera, le dejaban a mi familia algo de dinero, mucho menos que los US$ 90000 felizmente: "Gracias señorita pero ya tengo un seguro".


Pensé que en ese momento se acababa la llamada, pero no. Como si fuera una de estas películas Norte Americanas de terror, la señorita me dijo con la voz algo más acelerada "pero señor, eso no es ningún problema, su familia podrá recibir mucho más dinero en caso que algo… le pase". No me cabía duda alguna: estaba coludida con mi esposa y mi madre. Igual me negué a aceptar el producto esperando que esto diera por terminada la conversación pero no, nuevamente me dijo "y cuál sería la razón por la cuál no acepta esta oferta". 


Ya más que nervioso por todas las causas por las que podía morir y por la presión de la otrora amable señorita del tele marketing, convertida ahora en una especie de Chucky telefónico, comencé a sacar los documentos de mi billetera buscando todos los seguros que tenía y me di con mi seguro de Salud que, amablemente, deja dinero si muero de alguna forma terrible y hasta me entierran. Con esa tranquilidad le repetí a la señorita "señorita, no deseo el seguro porque ya tengo dos seguros". En ese momento la señorita dejó salir toda su furia contenida con amabilidad plástica me dijo con una voz firme y a toda velocidad "Señor, me acaba de decir que tenía uno y ahora me dice que tiene dos, no entiendo…". 


En ese momento comprendí todo. Si no le compraba el seguro ella iba a ser la que mande la bala perdida,  la que me lance algo sobre la cabeza, la que me atropelle por la calle, la que me choque en la carretera y haga que me desbarranque.  El Banco de Crédito era ese “Dios” que ahora si iba a querer que me pase algo como escarmiento a quienes no saben escuchar al tele marketing. Tomé aire, ya muy asustado, y le traté de explicar que había encontrado mi carnet del seguro que también me cubre si muero pero no pude, un amable y tenso “muy bien señor, hasta luego” cortó mis explicaciones. Temo que estaba claro que había sido un grave error no aceptar el seguro. 


Hasta ahora no salgo de mi casa, veo algunas personas sospechosas en el parque que me miran como si Dios no quisiera que me pase algo. Y todo esto por ser un cliente exclusivo y bueno del Banco de Crédito del Perú. Escribo esto para que a otros no les pase y escuchen bien cuando, Dios no lo quiera, los llamen para ofrecerles un producto que tienen que comprar.