martes, 3 de febrero de 2009

Poesía - La exposición final


Siempre he querido escribir. Si bien no fui dotado por el talento del escritor paciente y esmerado que cocina sus textos antes de mostrarlos, el hecho de no haber seguido formación académica alguna sobre el tema en cuestión hizo que me fuera completamente imposible escribir cosas decentes.

Rebuscando entre papeles antiguos encontré poemas de los años 92 y 93. Años en los cuales andaba enamorado de una amiga que no me daba ninguna esperanza y vivía sus enamoramientos con normalidad, mientras que yo, abobinablemente obsesivo la miraba desde lejos y la quería para mi. Al final si logré el objetivo, por supuesto para sufrir y descubrir que el amor es un momento y un estado más que un sentimiento permanente, sobre todo cuando uno tiene 17 años.

Así que aquí los pongo. Poemas escritos para ella y algunos otros ya un poco más modernos a manera de recopilación. Algunos melosos, otros chatos y los que más, fuera de contexto, se presentan para comparar lo que sentía sobre el amor en aquellos años frente a la terrible realidad de estos años.


Añoranza Nocturna


Rasgos inciertos, creación casi divina
mirada de tristeza, huellas de dolor
voces extrañas, vidas ajenas, soledad, preocupación
y yo, muy lejos de ti, muy lejos

Miro el firmamento, hoy salieron más estrellas
pero tú, aún incierta, en ninguna de ellas vas
el sol muere en su trágica agonía, el mar indiferente
con la misma indiferencia, me dejaste morir sin ti

De una obscura sombra surge tu silueta
que me envuelve, me asfixia, me convierte
caigo en el intranquilo sueño de la indecisión
la muerte ya se acerca, recibámosla con gozo, con resignación

Y el misterio de la noche nos susurra
doloroso, su secreto, increíblemente cierto
mis ideas, vagas, atraviesan por la noche
y tu alama, ahora en pena, aparece en mi dolor

Tu efímera alegría, causa temblores en mi alma
tu rápida locura, me tensa, me hace sudar
tu amor se me escapa, como arena entre los dedos
Y hoy salieron más estrellas, pero tu aún incierta
en ninguna de ellas vas. 

Enero 1991

Es extraño que este sea el "poema" más antiguo que tengo. Tengo muy claro que no es el primero que escribí ni el primero en el que me expuse. El primero que se llamaba "El Jorobado de Notredame" fue para una preciosa niña de catorce años cuyo nombre de mes me atormentaba el cerebro día a día. Por supuesto luego se volvió mi amiga y se encargó, y aún se encarga, de burlarse de dicho evento cada vez que la reunión de amigos cae en el aburrimiento. En todo caso, al igual que de ese poema, de este tampoco conseguí nada. Ahora que lo leo es demasiado llorón para que alguien se anime por algo. 


Hoy mi Amor 

Hoy, que no te puedo llamar mi amor
los recuerdos me torturan
quebrantan mi alma y quedan idos,
flotando

Hoy, el recuerdo de tu vida me tortura
sin estar incluido, ni pasar por él
los momentos buenos opacados por la sombra envolvente 
en letargo

Hoy que lloro de rodillas, derrotado
no puedo borrar las huellas de tu cuerpo
y tu alma viajera se me escapa de las manos, anarquista
traviesa

Hoy, al frente de un envase  de vidrio me confieso
solviendo su embriagante contenido
y entre el humo informe de un cigarro
solo veo las historias, que nunca vivimos, nebulosas
indefinidas

Enero 1991

Pero ¿quién dice que los emos es algo nuevo?. Hay tortura, llorar de rodillas, derrotas, almas quebradas, me parece que no faltan elementos para decir que es un dolor insuperable. Bueno evidentemente tampoco logré nada con este poema. Tal vez si generé un poco de pena a la pobre adolescente de quince años a la que le dediqué tremendo ejercicio de sufrimiento. 

Ah, pero eso no quedó ahí. Encontré unos poemas de año 1993, lo cuál me deja claro que no había aprendido la lección. 

A Pesar

Cuanta soledad, a pesar de tanta gente...
cuanto llanto, a pesar de tanta risa...
cuanto buscarte, a pesar de nunca hallarte...
cuanto seguirte, a pesar de no alcanzarte...
y tú, tan lejana...
a pesar de tanto amarte

23/09/93

Como pueden ver había evolucionado. Ahora hacía llantos un poco más cortos. 

Recuerdo

Ligera sospecha, lectura, sonrisa
caminata, la playa, la brisa...
escribir, ensalsar la belleza, el amor
esta vez no, amiga mía, esta vez no.

Juzgar el amor, o el cariño bebido
¿quién da más?, ¿cómo medirlo?
¿quién se atreve a ser juez de lo prohibido?
el que pueda, que se atreva a decirlo

Pequeña, rebelde, gigante en tu lucha
matando, hiriendo a la gente, rebelión
aún hay temblores, aún siento el aroma
de guerra, de fuerza, de revolucón

Lejana, querida, astuta, peremne
hace frío, amor mío, aca a lo lejos.


29/09/93

¿Qué puedo decir?: Perdóname Arjona por decir que eres basura. Sin embargo esa es la adolescencia. Finalmente todos estos llantos pudieron ser piercings, tatuajes, drogas, pero no. Yo decanté por el lado de los escritores malos y frustrados. En todo caso uno puede pensar que es locura adolescente pero aquí tengo un par de muestras de lo contrario. 

Corría el verano del 95. No, no de 1995 sino del 2005. Yo, alterado por la vida, vi en una compañera de trabajo que casi no me soportaba, el amor. ¿Qué clase de locura provocó dicha conducta?, nunca lo sabré. Saqué el adolescente que me acompaña solamente para hacer las estupideces de la adolescencia y envié esto por mensaje de texto. 

Estúpidamente Anónimo

Para que sin misterio mi palabra
Decore tu mirada lentejuela
Y augures un autor por callejuela
Te escribo de sorpresa, abracadabra

El yo que me hace esto cobarde
Impulso imberbe y casi niño
Desbocado ahora, llamaré cariño
Mirando al corazón se me hace tarde

Te adivino, te imagino, te deseo
Tentando la cordura, no poseo
Aire tibio, caricia, tu boca

Ahora no se ni lo que escribo
Lo que te quiero, lo que persigo
Ahora que el sentir se me desboca

Pudo haber quedado como un anónimo y hacerme el huevón al arrepentirme de tamaña locura, pero no, mi adolescente interno no iba a permitirlo así que a los días me aparecí con un ramo de flores y un chocolate MÁS el poema en cuestión ya firmado e impreso en un papel. A mis más de treinta años estaba haciendo un capítulo muy tardío de "Los Años Maravillosos". Tal vez fue un exorcismo de lo que debí hacer a mis 15 y no me atreví. Tal vez en ella se acumularon todas las chicas que me habían gustado y a las que no me había atrevido a decirles. En todo caso recibió toda la intensidad. Luego recibí un "no, gracias" por correo. La era de la comunicación virtual había llegado a mi. 

El extraño vacio que quedó

A veces me sorprendo mirando, el afónico teléfono que no sonará más.

A veces me sorprendo despertando, al lado del vacio de un recuerdo.

A veces me sorprendo revisando, mi pasado inamovible.

A veces me sorprendo llorando, sin ganas de llorar.

A veces me sorprendo arrepentido, sin más.

A veces me sorprendo mirando, vacío.

A veces me sorprendo sintiendo.

A veces me sorprendo.

A veces.

Y finalmente este que no lo escribí para nadie en especial por lo que no fue motivo de una historia, pero lo pongo a manera de colofón de todos estos escritos que recorren mi historia, algo penosa y accidentada, de trovador atemporal y amateur.