miércoles, 6 de enero de 2010

Te recuerdo luego de 24 años

Cuando la vi, mi cerebro saltó a mis doce años sin ninguna precaución. Ahí estaba ella: más mujer, adulta pero aún con mirada de niña. Con un cochecito que esta vez llevaba un niño de verdad y no un muñeco de plástico aunque, a juzgar por su belleza, sería complicado decir si no era un muñeco en realidad.

Ahí estaba ella, con el recuerdo de mi primer amor, fallido claro está sino no sería un recuerdo, de aquella primera lágrima de las muchas que se derraman por el amor no correspondido. Aquel amor que se perdió por puesta de mano de alguien más rápido, con menos miedos y que, por supuesto, terminó siendo un niño indiferente y malo, aunque todo el daño seguramente se ha olvidado y es que a los catorce años qué tanto daño te pueden hacer comparado con los años que vienen.

Ahí estaba ella, con las mismas pecas y el pelo de sol que le llegaba por debajo de los hombros, ni una huella de los más de veinte años se dejaba ver a simple vista. Ahí estaba ella, con la misma capacidad de no notar mi presencia y pasar indiferente a mi lado. Ante su mirada vacía y un "permiso" indiferente iba a responder: "hola, ¿no me reconoces?", pero hubiera sido complicado decirlo cuando mirándome al espejo, no me reconozco ni yo mismo.