domingo, 11 de julio de 2010

El nacimiento y la muerte

Siempre he pensado que dos de los estados más traumáticos en el tránsito efímero que realizan los seres vivos deben ser los momentos de entrar en la conciencia de la vida y el de entrar en el punto exacto de la conciencia de la muerte. En el medio de ese tránsito los eventos que ocurren simulan dichos eventos de manera constante: iniciamos relaciones, las terminamos. Generalmente los inicios suelen ser alegres y llenos de esperanza como cuando alguien entra a la vida, los fines suelen ser silenciosos, traumáticos o violentos como los eventos que anteceden a la muerte. Los cambios de entorno pasan por lo mismo, iniciamos amistades, terminamos amistadas, iniciamos una vida laboral y terminamos una vida laboral.

Antes de finalizar un tránsito para iniciar otro sentí la necesidad de dejar un tema que me parece interesante exponer, basado en la observación de mi entorno actual. No deja de llamarme la atención la terrible mentira en las que incurren las personas con la exposición de sus relaciones. Por un lado veo a un grupo libertino, ligero, egocéntrico e incluso edonista. Durante un tiempo, sin compartir las costumbres necesariamente, pensé que era un mundo más sincero con la realidad. Poco a poco me di cuenta que también viven una mentira. Añoran, como todos los seres humanos, lo que tienen los demás, buscan estabilidad, formalidad y a la vez, con su conducta, espantan dichos atributos para luego renegar de ellos. Finalmente la libertad amorosa se transforma en desconfianza, traición, control. Los destinos son bastante turbios y penosos. La capacidad de mentirse a uno mismo es casi ilimitada.

Por otro lado el grupo formal. ortodoxo, dogmático. En este caso la capacidad de mentir a los demás casi no tiene límites a pesar de casi no mentirse a uno mismo. En este caso ya me había dado cuenta desde antes el nivel de la mentira vivido. Casi podría hacer un cálculo de que el 90% de las parejas que conozco viven dentro de la infidelidad o han nacido de ella (sí, tú estás en el 10% restante).

Asombrado por este cálculo lapidatorio me puse a ver algunas películas románticas antiguas, de la época de los 60's, algunas americanas (USA), unas pocas mexicanas y puedo resumir la evolución de la siguiente manera.

Primero, hacia los 50's, el obstáculo era paternal y los matrimonios arreglados o por conveniencia. La oposición, si bien paterna, se ve reforzada por un futuro esposo malvado que suele ser viejo, calvo y con tremendos bigotes. La idea era que la audiencia femenina sienta repulsión por el hombre que, además de desagradable físicamente, era de un caracter francamente maligno.

Luego veo que la cosa evoluciona, deja de ser la conveniencia del matrimonio con el hombre malo. Ahora el padre se opone a que la hija se junte con el motociclista rebelde y ella, vencía al padre transgrediendo el orden: se escapaba por la ventana. Algunas veces con complicidad de otra mujer mayor, sea la abuela, madre o la mucama que, sabiendo lo que sufre una mujer por un hombre, apoyaban a la protagonista en su lucha contra el padre.

A partir de esas premisas la cosa se moderniza pero, extrañamente, se convierte en más idílica. Sospechosamente en los años 80's aparecen las historias de amor más irreales. Sobre todo la de la chica que se enamora, por selección natural, del jugador de futbol americano del colegio mientras que el "fracasado" sueña con ella para al final de la historia lograr llevarse a la chica, muchas veces venciendo a golpes al "malo".

Hoy en día las historias de amor con las que muestran la realidad son más crudas, más ambiguas, sin una moral muy clara. La infidelidad es más que permitida en nombre del amor. La mentira es cómplice y aplaudida si es que nos lleva a que el chico guapo se quede con la chica. Lo que me parece muy gracioso es que gran parte de las mujeres a las que veo aplaudir dichas historias creen que ellas serán las protagonistas cuando, en realidad, el papel que suelen representar es justamente de la antagonista: la esposa prepotente y antipática que, víctima de la vida cotidiana se ha vuelto poco interesante para el esposo que ve en su secretaria algo nuevo y más interesante de lo que en realidad es.

Por el lado de los hombres veo algo similar. Siempre piensan que van a ser los protagonistas, es decir, el chico guapo y travieso que conquista a la esposa maltrada. No se dan cuenta que en realidad son ellos los maridos cornudos cuando, debido al peso de lo cotidiano, se han convertido en dicho antagonista.

Finalmente y antes del cierre de una época, quería dejar constancia de esta observación que me ha tomado tres días de total encierro pensando y viendo algunas referencias y que puedo, al fin, mostrar a manera de conclusiones: Las relaciones están hechas para sufrir y son necesarias ya que en el sufrimiento está la respuesta a lo que hemos visto debe ser la vida. Finalmente casi la totalidad de las personas que conozco se mienten y mienten, engañan o son engañadas, se engañan y son engañadas. Las mujeres suelen mentirse con que no las engañan y que son únicas de alguna manera, los hombres sienten que nunca los van a engañar. A pesar de que por momentos me da risa lo inocentes que solemos ser me preocupa que la magnitud sea tan desproporcionada hacia el lado de lo que consideramos malo. Una gran mentira social que aún nos engaña.