jueves, 26 de agosto de 2010

El Candidato de Barranco y mi viaje por la noche

Cuando vi al candidato por la municipalidad de Barranco entrar al casino con 3 mujeres que reían sin parar me pareció estar en una película. Era la típica escena donde el poderoso pasaba una noche de desenfreno y siendo ya las tres de la mañana era evidente que solamente desenfreno podía haber. ¿Serían sus primas? ¿Serían sus amigas?. A diferencia de los ternos y trajes elegantes con los que estos personajes hacen conferencias de prensa esta vez iba vestido con ropa simple, de calle y un gorro de lana que lo hacía un poco menos reconocible.

Era mi primera vez visitando un casino de verdad, no esos tragamonedas que tanto me molestan sino un casino con mesas como en las películas de las vegas. Como soy muy tacaño había decidido jugar US$10 para husmear como funciona todo. Cuando el candidato se acercó a la mesa de la ruleta lo miré desde mi sitio. Con la seguridad que solamente un hombre con muchos recursos y sin preocupación por el mañana tiene, lanzó tres billetes de cien dólares a la mesa, se lo cambiaron por tres pilas de fichas plásticas.

Con la presición de un estratega las colocó en la mesa, todas juntas, en dos pilas diferentes. Una creo que iba para un color y la otra para una zona de la mesa. Giró la ruleta, soltaron la billa. La luz plateada giró y giró en lo que parecía una eternidad aunque fueron unos segundos. Por supuesto la billa cayó en cualquier lugar que no correspondía a la apuesta. el candidato sonrío y una de las mujeres tocó su brazo. Con una gran decisión tomó la última pila de fichas y las puso en la mesa. La billa volvió a definir la derrota en el destino. El canditato rió y salió caminando hacia las salas privadas de un segundo piso, sus tres musas de la suerte que, a pesar del resultado, le seguían sonriendo, decían a viva voz sus caprichos entre risas "yo quiero un apple matini!!!" gritaba una de forma algo chabacana en comparación al glamour del momento.

Los ecos se alejaron, mi triste máquina de ruleta me preguntaba que iba a hacer con los doce dólares que me quedaban, había ganados dos, yo era un trinfador, no había perdido trescientos, había ganado dos. Hasta en la victoria la vida se burlaba un poco. Me preguntaba si votaría por él. Recordé que me toca votar en Barranco. No votaré por él a pesar de su sonrisa en los paneles. Jamás podré ser político. En veinte minutos había ganado dos dólares, él puede perder trescientos dólares en menos de cinco minutos sin mover una pestaña. No quiero saber qué puede hacer por su distrito.