viernes, 27 de mayo de 2011

Mi Historia de la Impro – Capítulo II – Del arbitraje

arbitroUna de las cosas más interesantes de la Impro es el tema de las sospechas sobre el arbitraje de match. Hoy en día ya no sé lo que pasará por ese lado pero cuando yo arbitraba cada paleta contada era vital. Cuando un equipo perdía con un resultado ajustado siempre se cuestionaba la cuenta de las malditas paletas, si una falta estuvo bien cobrada o si otra falta se debió cobrar (al otro equipo por supuesto).

El público no era el principal enemigo del arbitraje sino lo eran los mismos jugadores. Y es que el público no sabe que una vez que todos nos vamos a los camerinos pueden ocurrir desde silencios incómodos hasta discusiones cuando el arbitraje no ha sido del gusto de los jugadores. Desde el punto serio que se le trató de dar al arbitraje del match de improvisación aquí en Perú, terminó convirtiéndose en un puesto que asqueaba a la mayoría y que nadie quería asumir en algún momento especialmente conflictivo. Pocos fuimos los que pasamos por ese puesto y la verdad es que era bastante ingrato. Era muy interesante ver cómo los jugadores volcaban sus frustraciones hacia el arbitraje, ya sea porque cobraron muchas faltas o pocas faltas. Al igual que en otros deportes los jugadores “estrella” eran generalmente los más quejosos con el tema de las faltas.

Finalmente estuve involucrado varios años en ese puesto que me trajo relativamente pocas satisfacciones y muchos problemas. Finalmente me quedó claro por qué pocas personas querían el cargo. En un deporte teatral donde todo puede salir mal el arbitraje se vuelve un ancla complicada. Se pueden equivocar los jugadores pero el error del árbitro si es terrible ya que puede definir un encuentro. Y esto ocurre a todo nivel. Basta recordar la controvertida doble falta por rudeza impuesta al equipo Mexicano en el mundial jugado en Perú que trajo tantas discusiones.

Finalmente puedo decir que poco a poco se ha ido buscando más el tema del personaje del árbitro en el match. Un miembro del grupo que va dejando de ser una figura de autoridad para convertirse en parte del espectáculo de forma más activa. Aunque es innegable que las personas prefieren jugar a arbitrar es cierto también que en ciertos casos puede ser divertido, sobre todo si le encuentran juego al personaje.

A pesar de todo lo que se sospecha nunca ha habido, en mi caso, una sola manipulación de los votos, faltas o puntos. Jamás nunca nadie en Pataclaun me dijo siquiera que cobre algo y alguna vez hemos discutido por que no estaba alguien de acuerdo con algo que había hecho. Pero luego de las chelas se acababa el cuestionamiento y nunca me pidieron que maneje nada. Y claro, ponerme a mi en un puesto de ese tipo los condena a que la justicia será aplicada y sea incorruptible.

Sin embargo lo que si ha habido es una cantidad de errores impresionante. Siempre digo que cuando hay que contar los votos sería más simple lanzar una moneda. Han habido casos en los que los asistentes se equivocan y cuentan cuentan el mismo color de paletas y al final la cuenta sale algo de 125 a 98, por poner un ejemplo. Han habido casos en los que a mi mismo se me han pasado detalles como el número de jugadores que yo mismo había impuesto por mencionar un ejemplo. Cabe resaltar que ser árbitro no es nada simple. En la cancha se ven unas cosas mientras que desde el sitio del público se ven otras totalmente diferentes. Cuando he sido jurado he visto cláramente faltas que el árbitro no cobra pero que cuando me ha tocado estar en el lugar también se me han pasado.

Algo que si debo confesar es que alguna vez he mentido al público cuando decían que los títulos eran sacados de lo que escribían, y al principio era así, pero cada vez era una tarea más complicada sacar títulos coherentes de ese mar de títulos tan malos como “Miguel Grau contra Darth Vader”. Realmente era para agarrarlos a patadas. En todo caso al final se cambió la regla para evitar la pérdida de tiempo de todo ese tema y se dejó de pedir títulos al público. Ahora que he dejado ese tema puedo ver que desde afuera se ve muy divertido, pero la verdad es que desde adentro no lo es tanto como parece.