domingo, 11 de diciembre de 2011

Una lágrima escapó por la mejilla de una princesa.

Cuando vi aquella lágrima me acerqué a preguntar si todo estaba bien con Xiomi, o Xiomara como sus padres habían tenido a bien nombrarla. Patricia, su amiga, me dijo que todo estaba bien y con un gesto firme de que me fuera, me ahuyentó debido a que era un momento exclusivamente femenino

Cuando ya Xiomi hubo partido sin rumbo conocido Patricia se me acercó y me contó lo ocurrido. Marcos, su novio, la había estado engañando desde hace algún tiempo con un par de otras amigas. Me comentó el problema que se formaba pues ellas también eran amigas de todos y esto obligaba a todo el grupo de amigos a poner una postura y tomar un bando, obligaba a separar a los que consideraran culpables y aceptar a los que consideraran inocentes y, sobre todo, a proteger a la amiga engañada. 

Quedé pensando en mi suerte de no tener que tomar ninguna postura pues solamente soy un visitante observador y también quedé tratando de adivinar el sabor de aquella lágrima: ¿era la mentira en sí misma? ¿era la vergüenza de estar expuesta a saber que todos lo sabían? ¿era la traición a su corazón? ¿era su entrega a la relación? ¿era el fin de su inocencia en los temas de pareja?. Imposible determinarlo, tal vez era todo junto. 

Opiné en ese momento que debía guardar lágrimas para la siguiente vez, pues en sus ojos pude ver por un instante que aún tras el dolor, el odio evidenciaba amor como solamente una mujer traicionada por un hombre, al que inexplicablemente ama, puede sentir. 

Por supuesto fui acusado una vez más de ser un maldito que no comprende nada pues ella nunca más lo iba a perdonar. Pero yo sabía que sí. Los elementos me eran muy claros: una mujer que conoce a un hombre que es el poeta maldito, el gato negro, el saltador de balcones, el trovador de esquina, lo quiere para ella. Lo quiere transformar en el príncipe azul. 

Pero el príncipe azul es un idiota porque es el hombre que se enamora perdidamente y quiere todo para la princesa, es el hombre que peleará con el dragón, que luchará contra el mundo, que soportará los embates de cualquier enemigo sin mirar a otras mujeres para culminar en el altar con el amor de su vida. Pues esos hombres son considerados como imbéciles en la práctica e ideales en la teoría. Pueden hacer la prueba: todas dicen que es "lindo" pero se revuelcan con el chico de la casaca de cuero porque es más simple idiotizar a un "pendejo" que aceptar que el idiota puede volverse un poco más interesante con el paso del tiempo.

Los príncipes azules solamente sirven a las mujeres mayores cuando, ya cansadas de tratar de cambiar a doscientos inseminadores de fin de semana a ser príncipes azules, de pronto voltean y dicen "ese idiota, no se ve tan mal, lo he visto toda la vida pero nunca me ha atraído, pero ahora que ya me cansé de los chicos malos, este idiota puede ser un buen padre y marido, trabaja, no se droga, no es borracho, es el idiota perfecto". Características todas contrarias a todos los casacas negra de su pasado de mujer confundida. 

Xiomi estaba en su momento de vida con uno de estos hombres malos tan atractivos para las chicas jóvenes. Y el tiempo me daría la razón y sería testigo de esa lucha de la mujer enamorada de no aceptarlo como novio pero relacionarse como tal. "No estamos pero yacemos". "No salimos pero él entra". "Nunca volvería con él pero todas las madrugadas él viene por mi". 

Y también sería testigo del falso arrepentimiento del hombre que pasa de ser un maldito miserable a ser "un poco travieso" en el lapso de un par de semanas. Mirándola a los ojos traté de ver si había guardado lágrimas para la siguiente vez, no logré aplacar mis dudas pero estaba seguro de que ella las derramaría por él más tarde que pronto. Me aseguré, mientras la miraba, de guardar las mías para esta vez. Comprobé que yo no tenía una casaca negra. Me di media vuelta. Dejé de observar.Me fui. 

"Tal vez las relaciones solamente se tratan de algo como esto:"