sábado, 28 de abril de 2012

Teorema de la Crítica Limeña

Decidí escribir este artículo a raíz de un problema en las redes sociales entre un diseñador de modas y alguien que lo criticó y de quienes nunca había escuchado, ya que mi máximo acercamiento a la moda es saber que un jean debe ser azul y que la camisa correcta es para mi siempre de tamaño grande. No comprendo sobre combinación de colores y eso se lo dejo a las mujeres que para eso del arte y combinar colores son expertas. Yo puedo nombrar el color de casi cualquier cosa del universo con decir rojo, azul, verde o amarillo.

Sin embargo el tema del que me provocó comentar no era mi deficiencia para nombrar y ver colores ya que lo que vino a mi mente fue algo totalmente diferente.

Cierta vez vino un grupo de artistas de varios países. Debido a mi acercamiento al mundo del arte en ese momento tuve oportunidad de ver los diferentes espectáculos que presentaron. Uno de ellos fue bastante malo e incluso un poco aburrido. Al finalizar la función nos juntamos con los artistas en una reunión informal (entiéndase juerga desaforada) y el actor me preguntó qué tal me había parecido la presentación.

Yo quedé sorprendido un momento por la pregunta directa y sin pensar salió de mi boca automáticamente “bieeeen, bieeeen, estuvo mostra” arrastrando la “e” y dándole una nota más aguda que al resto de la frase. En ese momento no había analizado esta forma de decir las cosas. El actor preguntó a dos personas más y repitieron casi lo mismo. El tercero de ellos apenas se atrevió a decir “creo que el inicio estaba un poquito desordenado pero luego se ordenó y ya estuvo bien”. ¡Mentira!, todos habíamos comentado que era un asco pero en ese momento, enfrentados al artista, suavizamos nuestras opiniones al punto de cambiarlas totalmente de sentido. Acto seguido el actor preguntó a una chica argentina:

-“¿Y a ti qué te parecio?”

-”Uff no, horrible, no me gusto para nada, ¿sabés?”

Y luego el actor se interesó en los detalles. Conversaron un buen rato y ella le “daba con palo” al espectáculo y el actor, extranjero al fin, escuchaba y refutaba algo herido en su ego pero aceptando y pensando al respecto. Al final de la conversación yo me di cuenta que durante todo ese momento me sentía muy incómodo. Era como un malestar general de escuchar que lo criticaban y como si mi mente reaccionara mal solamente al escuchar que le decían cosas que, si bien eran ciertas, me parecían muy duras. Observé además que los otros peruanos que estábamos ahí teníamos la misma reacción nerviosa de mirar a otro lado, de realizar acciones innecesarias o salir corriendo con el pretexto de necesitar otra cerveza. Algunos escuchaban con atención pero con este espíritu del chisme “MagalyTV” a ver si es que había una cacheta o algo. Pero lo más importante era que me di cuenta que lo que esta chica le había dicho era exactamente, o muy cercano, a lo que yo pensaba.

Desde ese día comencé un trabajo constante de observar esta conducta y pude darme cuenta de que es un problema a nivel Lima (no he recorrido el país averiguando tampoco). Resulta que los limeños le huimos a la crítica y nos refugiamos en el raje. Es lo que somos: unos rajones. Solamente nos atrevemos a criticar duramente y sin bases cuando nos protege, por ejemplo, un muro de facebook o un avatar de twitter. En ese punto si somos unos despiadados críticos sapientes de todos los temas. Sin embargo, en persona, aparece esta voz agudita del “bieeeeen”.

No nos gusta la crítica, nos duele, siempre es personal, le tememos porque nos cuestiona. He visto a bebes horribles siendo acariciados por amigas de la madre que cantan como cacatúas todas alrededor: “queeeeeeeeeee lindo, está lindo el bebe” para luego, ya lejos de la madre, decir “ay pobrecito, parecía un monito, es que la familia del padre...” y el proceso sigue porque la audiencia del raje, dependiendo del grado de familiaridad y amistad puede llevarle el chisme a la afectada y así establecer la ruta de la verdad.

Enuncié entonces la Teorema de la Crítica Limeña al que también llamo el teorema de Subauste que dice lo siguiente:

“En Lima, para conocer la opinión sobre uno mismo debe tomar la ruta más indirecta entre el emisor del mensaje y el receptor del mismo, considerando la cantidad de nodos como directamente proporcional a la gravedad del mensaje e inversamente proporcional a la cercanía relacional con el emisor”

Esto significa que, si quiero saber lo que opina A sobre cómo estuvo algo que canté, por ejemplo, no debo preguntarle a A directamente si no seleccionar a B para saber qué es lo que opina A.

Cuanto mayor es la sensibilidad del tema más lejos debemos ir. Por ejemplo, si quieres saber si tu hijo es bonito no le debes preguntar directamente a tu amiga sobre lo que ella opina. Debes preguntarle a tu amiga A lo que opina tu amiga B y viceversa.

Un detalle importante es que esto es más complejo de lo que parece y no es tan simple ya que si hay grado de familiaridad entre A y B es muy posible que no delaten a su contraparte pues temen que vayas a decirle a B que A te ha contado tal o cuál cosa. En esos caso debemos recurrir a C. En ese momento preguntaremos a C qué es lo que opina A sobre la belleza de tu hijo por ejemplo.

Si tu hijo, por ejemplo, ha nacido horrible ya requieres de elementos más complejos. En tal caso deberás preguntar, por ejemplo a C que es lo que dice B que A opina sobre el tema X. Esta cadena la debemos extender lo que sea necesario para poder conocer la verdadera opinión de alguien sobre un tema. Es importante acotar que los limeños aseguran que no es su caso y que ellos si son totalmente directos y sinceros. Es parte del problema social justamente. Para probarlo escuche ustede una opinión que vierta A sobre B sin la presencia de B y luego contrástela con la opinión que B le da directamente a a A y podrá detectar el grado de separación al que usted pertenece. A mayor diferencia la letra que le toca es más lejana. De esa forma usted puede ser un C, D o M, N según la dureza o suavidad de la opinión que le dieran.

Y así fui descubriendo que somos una sociedad hipócrita, un poco más que otras sociedades que al menos dejan sentir su descontento. Es por eso que en facebook tenemos activistas que protestan en cantidades de miles de personas y marchas reales terminadas con veinte o treinta participantes. Es por eso que cuando aparece alguien que dice que la campaña publicitaria de un diseñador le parece “insoportable” este le dirá chola y gorda y comenzarán a sacarse los ojos hasta el punto donde ambos se hagan conocidos gracias al racismo y la intolerancia. Me parece que pronto a una empresa le va a ser más rentable simular un error y poner en su twitter “todo esto es una mierda” para que todos hablen de él y luego suba sus ventas por recordación de marca. Créanme se van a acordar más del nombre del diseñador que de lo malo que hizo. Felizmente del mundo de la moda no tengo ni idea.