Debo a mi fallida asistencia a la Plaza, una función antes del estreno de "La Rebelión de los Chanchos", el encuentro con una escena que me llevó a escribir este blog.
A puertas del campeonato amateur, se me acercó un chico, aparentemente del grupo de alumnos adolescentes, a increparme casi a gritos el por qué de mi participación si yo ya era un adulto. Salí mortificado por no poder resolver el ataque de manera correcta. Entre mi desconcierto y mi furia, ya que no es nada agradable que un extraño se acerque a gritarte, me fui para evitar un enfrentamiento sin sentido.
Pensé durante algún tiempo y recordé como un grupo de personas, ya ni recuerdo quienes éramos exactamente, nos involucramos en crear un espacio para nosotros, jugadores de impro que no éramos actores y no estábamos al nivel de presentar un espectáculo como correspondía. Habíamos sido estudiantes durante varios talleres y nos faltaba un espacio en el que, junto con los alumnos actuales, pudiéramos tener una experiencia de match.
Creo que fue una época donde la impro tenía algún aire místico. Los ensayos y la preparación eran rigurosos, se hacían constantes referencias a los maestros para corregir lo que podían ser considerados errores. El kazoo metálico era un elemento que solamente tenía el maestro Francoise y había que pedirlo prestado, con mucho respeto, para poder arbitrar. Todos los jugadores morían de miedo y albergaban la esperanza de ser llamados a formar parte de algo más grande para el futuro.
A pesar de que nunca se concretó nada más grande de lo que ya hacíamos en ese momento creo que éramos felices con el espacio. Fue tribuna para conocer nuevos grupos que no necesariamente eran de la casa. Tuvimos invitados, no siempre con el éxito adecuado, pero era una experiencia que nos hizo crecer de verdad. Aprendimos que en la impro nadie tiene la razón. Que el equipo más pequeño puede hacerse del campeonato y que los jugadores menos pensados pueden salir a luchar y ganar en una cancha. Y que nadie me diga que creía que Los 4 Lunáticos podíamos ganar que no se la creo.
Finalmente las personas se fueron yendo y de esas experiencias quedamos realmente pocos. Algunos dejaron de jugar, otros se fueron a otros grupos seguir jugando y otros, simplemente desaparecieron entre las calles de la ciudad para no volver a la cancha.
Mucha agua ha pasado bajo ese puente desde aquella época. Hay personas que reclaman ese espacio como suyo y que no conocen y no tienen por qué conocer todo el proceso que ha involucrado la creación del amateur y cómo un grupo, esperanzado en hacer algo para jugar, se pasó horas de horas en ensayos y creando lo que hoy en día es un campeonato paralelo . Hoy la impro pertenece a esas personas que reclaman.
Ya sin la mística y sí con la energía adolescente, se acerca un nuevo campeonato amateur, un evento donde todos tenemos el mismo miedo por lo que pasará. Una cancha, hoy sin dueño, entregada al juego masivo, donde los que luchamos, creamos, erramos, sufrimos y nos divertimos alguna vez somos poco más que extraños. Supongo que es una señal de que se logró el objetivo.
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lunes 9 de julio de 2007
domingo 11 de marzo de 2007
Yo juego para divertirme
Esta es la frase con la que comienza cualquier jugador de improvisación teatral al hablar sobre los campeonatos organizados por la LNMI - Pataclaun (no sé si en otros campeonatos ocurre). Sin acusar a nadie de mentiroso creo que más que una declaración de principios se ha convertido en un objetivo, posiblemente sincero, de estilo de juego. Cualquiera que ha jugado en un match de improvisación teatral sabe que una de las cosas más difíciles es llegar a esa mezcla de competencia con el rival y colaboración con la historia.
Muchas veces los jugadores se pasan meses de meses entrenando con el resto de jugadores la forma de contar buenas historias. Se construyen personajes nuevos e interesantes en el proceso. Se crean historias conmovedoras, comentadas y recordadas por meses. Lamentablemente es impro y por lo tanto no hay mucho que guardar, todo debería ser improvisado (y no siempre lo es).
Una vez listos todos los jugadores, comienza el campeonato, partidos amistosos para conocer al rival y hacer un encuentro bueno cuando toque presentarse ante el público. Aparece la cancha, el rugiente público, el siempre injusto árbitro, las paletas y listo: todo se va a la mierda!. El jugador otrora amable y entregado a la historia se transforma en un rudo acaparador y, apoyado por el aplauso del público, hace del juego casi un monólogo de humor, muchas veces mandando al cuerno la historia e imponiendo su idea. Los jugadores repiten los personajes más exitosos varias veces esperando la risa del público a pesar de la historia. El árbitro pasa a ser una figura timorata que teme cobrar faltas, a veces evidentes como el cliché, para no ser odiado (más) por el público. El público pasa a apreciar a los jugadores que más los hacen reír independientemente de si la historia fue buena o mala.
A pesar de las pocas penalizaciones que se permite el árbitro y más que una conducta constante en la cancha, se genera una actitud que poco tiene que ver con los principios de la improvisación teatral. Algunos planifican cómo ganar a tal o cuál equipo. Se cuentan los puntos de las tablas con angustia. Se acusa de rudeza a algún otro jugador de otro equipo y se planifican elegantes rudezas para lograr vencer al rudo rival.
Claro que no es el caso de todos. Y por supuesto todos los jugadores de improvisación dirán "no es mi caso" y si hacemos una encuesta llegaremos a la conclusión que el 100% no se considera rudo y ese mismo porcentaje considera rudo por lo menos al 20% de los otros jugadores. Es casi como preguntar en un congreso de parejas quienes son infieles. Descubriremos que ninguno de los dos tipos de personas existen: ni el jugador de impro autodenominado rudo, ni la pareja infiel. Para los primeros será a lo mucho un "jugué rudo este partido" y para los segundos será "fue solamente un desliz".
Si bien los personajes tienden a repetirse, ya que no somos una máquina de crear personajes y tenemos cierto límite, no debería ser la norma. Muchas veces en los campeonatos vemos el desfile de los personajes "de siempre" que posiblemente nada tienen que ver con la historia utilizados de la forma más premeditada para lograr el voto del público.
Creo que los jugadores se ven vencidos por su condición humana y eso finalmente le da al juego una verdad. No es realmente algo acordado o planificado. Eso hace que la capacidad de contar historias sufra y termine siendo casi una presentación de ingenio competitivo tratando de lograr contar algo. La calidad de las historias contadas por los mismos jugadores en otros formatos es de una calidad impresionante y tanto más impresionante es la poca calidad de las historias a la que, los mismos jugadores, pueden llegar en el formato del match.
Esto no hace del formato del match un enemigo de la improvisación sino por el contrario convierte al evento en un reto constante para el jugador de impro. Simplemente me parece anecdótico que cada inicio de campeonato comience con dos frases muy concretas: "claro que quiero ganar pero juego más para divertirme" y la consabida "no vamos a ganar de ninguna manera así que vamos a divertirnos".
Finalmente y como buen deporte todos tratan de mantenerse neutrales y calmados por fuera mientras la promesa de victoria y aplausos convierte a los jugadores en guerreros dispuestos a dejar todo en la cancha o en temerosos pajes pegados a la banca.
Al final asistiremos a otro campeonato donde veremos a los jugadores luchando contra: repetirse, ser rudo, acaparar la cancha, ausentase de la cancha, cometer faltas, dejarle el remate al otro equipo, forzar los remates para su equipo, tener personajes poco aceptados, imponer su idea, dejar que el otro imponga su idea y decenas de cosas más contra las que hay que luchar en los 3 minutos de jugada y que hacen que me quede la duda cuando un jugador me dice " Yo juego para divertirme".
Muchas veces los jugadores se pasan meses de meses entrenando con el resto de jugadores la forma de contar buenas historias. Se construyen personajes nuevos e interesantes en el proceso. Se crean historias conmovedoras, comentadas y recordadas por meses. Lamentablemente es impro y por lo tanto no hay mucho que guardar, todo debería ser improvisado (y no siempre lo es).
Una vez listos todos los jugadores, comienza el campeonato, partidos amistosos para conocer al rival y hacer un encuentro bueno cuando toque presentarse ante el público. Aparece la cancha, el rugiente público, el siempre injusto árbitro, las paletas y listo: todo se va a la mierda!. El jugador otrora amable y entregado a la historia se transforma en un rudo acaparador y, apoyado por el aplauso del público, hace del juego casi un monólogo de humor, muchas veces mandando al cuerno la historia e imponiendo su idea. Los jugadores repiten los personajes más exitosos varias veces esperando la risa del público a pesar de la historia. El árbitro pasa a ser una figura timorata que teme cobrar faltas, a veces evidentes como el cliché, para no ser odiado (más) por el público. El público pasa a apreciar a los jugadores que más los hacen reír independientemente de si la historia fue buena o mala.
A pesar de las pocas penalizaciones que se permite el árbitro y más que una conducta constante en la cancha, se genera una actitud que poco tiene que ver con los principios de la improvisación teatral. Algunos planifican cómo ganar a tal o cuál equipo. Se cuentan los puntos de las tablas con angustia. Se acusa de rudeza a algún otro jugador de otro equipo y se planifican elegantes rudezas para lograr vencer al rudo rival.
Claro que no es el caso de todos. Y por supuesto todos los jugadores de improvisación dirán "no es mi caso" y si hacemos una encuesta llegaremos a la conclusión que el 100% no se considera rudo y ese mismo porcentaje considera rudo por lo menos al 20% de los otros jugadores. Es casi como preguntar en un congreso de parejas quienes son infieles. Descubriremos que ninguno de los dos tipos de personas existen: ni el jugador de impro autodenominado rudo, ni la pareja infiel. Para los primeros será a lo mucho un "jugué rudo este partido" y para los segundos será "fue solamente un desliz".
Si bien los personajes tienden a repetirse, ya que no somos una máquina de crear personajes y tenemos cierto límite, no debería ser la norma. Muchas veces en los campeonatos vemos el desfile de los personajes "de siempre" que posiblemente nada tienen que ver con la historia utilizados de la forma más premeditada para lograr el voto del público.
Creo que los jugadores se ven vencidos por su condición humana y eso finalmente le da al juego una verdad. No es realmente algo acordado o planificado. Eso hace que la capacidad de contar historias sufra y termine siendo casi una presentación de ingenio competitivo tratando de lograr contar algo. La calidad de las historias contadas por los mismos jugadores en otros formatos es de una calidad impresionante y tanto más impresionante es la poca calidad de las historias a la que, los mismos jugadores, pueden llegar en el formato del match.
Esto no hace del formato del match un enemigo de la improvisación sino por el contrario convierte al evento en un reto constante para el jugador de impro. Simplemente me parece anecdótico que cada inicio de campeonato comience con dos frases muy concretas: "claro que quiero ganar pero juego más para divertirme" y la consabida "no vamos a ganar de ninguna manera así que vamos a divertirnos".
Finalmente y como buen deporte todos tratan de mantenerse neutrales y calmados por fuera mientras la promesa de victoria y aplausos convierte a los jugadores en guerreros dispuestos a dejar todo en la cancha o en temerosos pajes pegados a la banca.
Al final asistiremos a otro campeonato donde veremos a los jugadores luchando contra: repetirse, ser rudo, acaparar la cancha, ausentase de la cancha, cometer faltas, dejarle el remate al otro equipo, forzar los remates para su equipo, tener personajes poco aceptados, imponer su idea, dejar que el otro imponga su idea y decenas de cosas más contra las que hay que luchar en los 3 minutos de jugada y que hacen que me quede la duda cuando un jugador me dice " Yo juego para divertirme".
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